
Los líderes religiosos de la época de Jesús se concentraban en un conjunto de reglas y regulaciones específicas llamado «La ley de Moisés». Las personas tenían que obedecer las Ley en su totalidad para poder estar en relación con Dios. Desafortunadamente, nadie puede cumplir todos los requisitos de la Ley porque todos tenemos el mismo problema: el pecado. En hebreo, pecado significa «errar» o «no cumplir un objetivo». Ante las exigencias de la Ley, todos somos culpables y merecemos la muerte. Sin un Salvador, todos estamos condenados. Sin embargo, Jesús vino al mundo para ofrecerse en nuestro lugar para pagar el castigo por nuestro pecado. En esta historia, traen a una mujer pecadora ante Jesús. Observen qué sucede.
Mira el segmento o lean la historia dos veces.
8 1 pero Jesús se fue al monte de los Olivos. 2 Al amanecer se presentó de nuevo en el Templo. Toda la gente se le acercó, y él se sentó a enseñarles. 3 Entonces, los maestros de la Ley y los fariseos llevaron a una mujer sorprendida en adulterio y, poniéndola en medio del grupo, 4 dijeron a Jesús:
—Maestro, a esta mujer se le ha sorprendido en el acto mismo de adulterio. 5 En la Ley Moisés nos ordenó apedrear a tales mujeres. ¿Tú qué dices?
6 Con esta pregunta le estaban tendiendo una trampa, para tener de qué acusarlo. Pero Jesús se inclinó y con el dedo comenzó a escribir en el suelo. 7 Y como ellos lo acosaban a preguntas, Jesús se incorporó y les dijo:
—Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.
8 E inclinándose de nuevo, siguió escribiendo en el suelo. 9 Al oír esto, se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos, hasta dejar a Jesús solo con la mujer, que aún seguía allí. 10 Entonces él se incorporó y le preguntó:
—Mujer, ¿dónde están? ¿Ya nadie te condena?
11 —Nadie, Señor.
Jesús dijo:
—Tampoco yo te condeno. Ahora vete, y no vuelvas a pecar.
Profundizando (discusión adicional si el tiempo lo permite)....
Miren la historia una vez más. Pídale a alguien que cuente la historia y que el grupo corrija de ser necesario.
Reflexionen sobre la manera en que respondió Jesús a la mujer y a los líderes religiosos. Él sabía que los hombres no la traían ante él porque estaban preocupados por ella, sino para avergonzarla a ella y ponerlo a prueba a él. Él eligió no condonar el comportamiento de la mujer ni alinearse con los líderes religiosos. Él los guio al convencimiento con sabiduría. Consideren cómo el corazón de Jesús condujo a ambas partes al arrepentimiento. Jesús puede perdonar pecados —algo que sólo Dios puede hacer— porque él es Dios. Cuando elegimos ser seguidores de Jesús, él nos perdona y nos ofrece una nueva vida en él. Considera a Jesús.

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