
¿Se han sentido alguna vez tan desesperados por sanar alguna herida física o emocional que intentaron todas las soluciones posibles? Con la esperanza de pasar desapercibida, la mujer en esta historia creyó que, si ella pudiera tan solo tocar el manto de Jesús, finalmente podría curarse de su hemorragia que sólo había empeorado después de años de tratamiento. La hemorragia había hecho de ella una persona marginada y era considerada impura según las leyes religiosas de esa época. En medio de una gran multitud, ella decidió intentar tocar a Jesús mientras María y otros estaban cerca. Observen qué pasó.
Mira el segmento o lean la hitoria dos veces.
40 Cuando Jesús regresó, la multitud se alegró de verlo, pues todos estaban esperándolo. 41 En esto llegó un hombre llamado Jairo, que era jefe de la sinagoga. Se arrojó a los pies de Jesús y le suplicó que fuera a su casa 42 porque su única hija, de unos doce años, estaba muriendo.
Jesús se puso en camino y las multitudes se agolpaban sobre él. 43 Había entre la gente una mujer que hacía doce años padecía de hemorragias, sin que nadie pudiera sanarla. Había gastado todo lo que tenía en médicos. 44 Ella se le acercó por detrás, tocó el borde de su manto y al instante cesó su hemorragia.
45 —¿Quién me ha tocado? —preguntó Jesús.
Como todos negaban haberlo tocado, Pedro le dijo:
—Maestro, son multitudes las que te aprietan y te oprimen.
46 —No, alguien me ha tocado —respondió Jesús—; yo sé que de mí ha salido poder.
47 La mujer, al ver que no podía pasar inadvertida, se acercó temblando y se arrojó a sus pies. En presencia de toda la gente, contó por qué lo había tocado y cómo había sido sanada al instante.
48 —¡Hija, tu fe te ha sanado! —dijo Jesús—. Vete en paz.
Profundizando (discusión adicional si el tiempo lo permite)....
Miren la historia una vez más. Pídale a alguien que cuente la historia y que el grupo corrija de ser necesario
En medio de una gran multitud, la mujer se extendió y tocó el manto de Jesús. Al momento de tocar la prenda, también sintió que una acción de restauración recorría su cuerpo. ¡Había sido sanada! Imaginen el alivio y la gratitud que debe hacer sentido. Jesús dijo: «Hija, tu fe te ha sanado. Ve en paz». Mediten en estas palabras. Él pronunció estas palabras después de la confesión de la mujer. Ante la multitud de personas que la había considerado impura, Jesús la llamó su hija y honró su fe.
Jesús se preocupa por los dolores y las heridas que sentimos. En medio de nuestro quebrantamiento y vergüenza, él anhela que lo encontremos. Considera a Jesús.

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