
La aflicción se define como una pena profunda, especialmente causada por la muerte de alguien. En esta historia, una viuda estaba muy afligida por la muerte de su único hijo. María observa cómo Jesús se acerca a la mujer y satisface las peticiones de su corazón. En esta ocasión, Jesús eligió sanar a su único hijo —devolviéndole el regalo más preciado que ella tenía—. Quizás, él no siempre elija hacer esto, pero podemos confiar en su presencia perdurable en cada circunstancia, incluso en medio de la aflicción más dolorosa.
Mira el segmento o lean la historia dos veces.
11 Poco después Jesús, en compañía de sus discípulos y de una gran multitud, se dirigió a un pueblo llamado Naín. 12 Cuando ya se acercaba a las puertas del pueblo, vio que sacaban de allí a un muerto, hijo único de madre viuda. La acompañaba un grupo grande de la población. 13 Al verla, el Señor se compadeció de ella y le dijo:
—No llores.
14 Entonces se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron y Jesús dijo:
—Joven, ¡te ordeno que te levantes!
15 El que había estado muerto se incorporó y comenzó a hablar; luego Jesús se lo entregó a su madre. 16 Todos se llenaron de temor y alababan a Dios.
—Ha surgido entre nosotros un gran profeta —decían—. Dios ha venido en ayuda de su pueblo.
17 Así que esta noticia acerca de Jesús se divulgó por toda Judea y por todas las regiones vecinas.
Profundizando (discusión adicional si el tiempo lo permite)...
Sólo Dios puede resucitar a los muertos. Mediten en la verdad de que Jesús es Dios. Él puede resucitar a los muertos y lo hizo, no solo a este hombre, sino tres veces durante su ministerio. Él no sólo es poderoso, sino que es compasivo y gentil. Consideren a Jesús.

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