
Varios cientos de años antes de Jesús, el profeta Isaías profetizó que Israel recibiría una señal: una virgen concebiría un hijo (Isaías 7:14). Este Hijo, Jesús, se humilló tanto que incluso llegón a ser el más modesto de todos los seres humanos: un bebé. Él experimentó la humanidad en toda su plenitud, demostrando que no sólo era completamente Dios, sino también completamente hombre. Èl estaba dispuesto a enfrentar crecientes dolores, enfermedades, hambre, sed, aflicción y heridas para restaurar la relación con nosotras. Y cuando Jesús nació, nació de una virgen: la virgen María.
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26 A los seis meses, Dios envió al ángel Gabriel a Nazaret, pueblo de Galilea, 27 a visitar a una joven virgen comprometida para casarse con un hombre que se llamaba José, descendiente de David. La virgen se llamaba María. 28 El ángel se acercó a ella y le dijo:
—¡Te saludo, tú que has recibido el favor de Dios! El Señor está contigo.
29 Ante estas palabras, María se perturbó y se preguntaba qué podría significar este saludo.
30 —No tengas miedo, María; Dios te ha concedido su favor —le dijo el ángel—. 31 Quedarás embarazada y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. 32 Él será un gran hombre y lo llamarán Hijo del Altísimo. Dios el Señor le dará el trono de su padre David 33 y reinará sobre el pueblo de Jacob para siempre. Su reinado no tendrá fin.
34 —¿Cómo podrá suceder esto —preguntó María al ángel—, puesto que soy virgen?
35 Y el ángel dijo:
—El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Así que al santo niño que va a nacer lo llamarán Hijo de Dios. 36 También tu parienta Elisabet va a tener un hijo en su vejez; de hecho, la que decían que era estéril ya está en el sexto mes de embarazo. 37 Porque para Dios no hay nada imposible.
Profundizando (discusión adicional si el tiempo lo permite)....
Mediten en la naturaleza increíble de la concepción y el nacimiento de Jesús. Él es a la vez Dios y hombre. Es a la vez el Creador del mundo y humano. Él es alguien con quien nos podemos identificar y confiar como un Salvador. Consideren a Jesús.

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